Relocalización: ¿un efecto palanca de la Industria 4.0?

  • Expertos

    27 August 2021

Délocalisation & relocalisation, le rôle de l'industrie 4.0

La crisis del Covid-19, además de las profundas transformaciones aportadas, ha puesto de relieve las dificultades de aprovisionamiento de nuestras industrias en un contexto de crisis internacional. En una economía global, el cierre de algunos mercados repercute en toda la supply chain industrial y desestabiliza la producción. De ahí la idea de una industria «Made In France» más autónoma y, por tanto, menos vulnerable de cara a las crisis. ¿Pero qué significa eso? ¿Relocalización de nuestras industrias? ¿Pero es factible?

Quien dice relocalización presupone que ha habido una deslocalización previa. La deslocalización es la transferencia al extranjero de una producción que antes tenía lugar en el territorio. Hay que apuntar que la industria no es el único sector concernido por la deslocalización, los servicios también se ven afectados. Mientras que el paro estaba «bajo control», esas deslocalizaciones competitivas estaban menos sujetas a polémica. Pero de cara a la situación sanitaria, económica y política mundial, las cosas seguro que van a evolucionar.

Seamos claros, la finalidad de una empresa es ganar dinero. Uno de los intereses de una deslocalización se encuentra en la lógica de una maximización de los beneficios disminuyendo los costes. Es posible conseguirlo de varias formas. Analicemos un instante las causas de las deslocalizaciones competitivas:

  • Los costes salariales y fiscales: en esta globalización desenfrenada, la «competencia» es desleal. El derecho al trabajo y la fiscalidad conocen grandes distorsiones en función de los países y alimentan las deslocalizaciones.
  • El precio de la energía fósil: los costes reducidos de los transportes se correlacionan generalmente con costes salariales bajos. Es matemático: eso funciona mientras que las economías de escala y de mano de obra sobrepasan los costes de transporte.
  • La masa de producción: hasta muy recientemente, vivíamos en un mercado de masa y de gran consumo. El modo de consumo incitaba a producir sin «reflexionar».

Deslocalización y relocalización

Relocalizar quiere decir reimplantar fábricas en nuestros territorios, en el sentido primero eso corresponde a la vuelta al país de origen de unidades de producción, de ensamblaje o de montaje. Las relocalizaciones de vuelta abrazan generalmente una lógica de fracaso de la deslocalización debida a diferentes razones: subestimación del coste, modificaciones del entorno político o económico de los negocios, rotación excesiva de la mano de obra, problemas de calidad, retrasos, etc. Así, la intención primera tiene que revaluarse si la empresa quiere sobrevivir.

En el contexto mundial actual, una relocalización de industrias relacionadas con los recursos naturales (como la extracción minera, por ejemplo) y/o considerada como «demasiado contaminante» seguramente no se aceptará en todos los países (especialmente europeos). Lo mismo ocurre para un gran número de productos manufacturados (la industria textil, por ejemplo): su repatriación tiene pocas oportunidades de ver la luz. Aunque esta crisis nos muestre que en algunos casos podemos  ajustarnos… ¡pero no en la duración! Basta con ver el episodio de las mascarillas o los respiradores.

Sin embargo, al ampliar la definición, si se entiende la relocalización como la repatriación de unidades de ensamblaje cerca de los mercados (no necesariamente en el país de origen) o como la ralentización del movimiento de deslocalización, la perspectiva ya no es la misma. Cuidado, no se trata aquí de copiar el modelo alemán, que apostaba por el «Made in Germany» pero en una lógica de exportación masiva. La idea es situar las herramientas de producción lo más cerca posible del consumidor final y favorecer intercambios cortos.

Una vuelta de la producción gracias a la Industria 4.0

Las nuevas exigencias de las demandas de mercado, la reducción del ciclo de vida de los productos, la multiplicación de las variedades y las variaciones estacionales requieren una mayor reactividad. La capacidad de responder rápidamente a las evoluciones del mercado puede ser difícil de conciliar con una fabricación geográficamente alejada. En este nuevo paradigma, la flexibilidad y la reactividad de los industriales sufren por un aumento del precio del transporte así como de los «plazos» de entrega inducido por los desplazamientos (marítimos, terrestres, etc.). Las crisis en torno al precio del barril están ahí para recordárnoslo.

Por otro lado, la innovación, la automatización y la calidad son factores que pueden jugar a favor de una «mejora» de la competitividad de las fábricas, en las que la parte del coste salarial en el precio de producción se vuelve más limitada. Es uno de los efectos palanca de la Industria 4.0, mientras que las deslocalizaciones masivas se fomentaban por la presencia de una mano de obra cada vez menos costosa, ahora ya no tienen razón de ser con fábricas cada vez más automatizadas. La competencia de operarios cualificados in situ se ha revalorizado y cada vez se busca más.

Por último, los consumidores son cada vez más exigentes con los productos que compran, la forma en que se producen, el impacto del aparato productivo en el medio ambiente… desean consumir estando informados. Las lógicas contables, producir al más bajo coste, quedan cuestionadas por los consumidores de cara a los esfuerzos de los industriales en términos de responsabilidades sociales y medioambientales. Todo ello vuelve a barajar las cartas de la deslocalización competitiva.

Es posible actuar colectivamente (individuos, empresas, territorios, Estado, Europa) para luchar a favor de esta relocalización. A través de diferentes planes de apoyo a la economía a nivel nacional y europeo, se ponen en marcha numerosos incentivos financieros y políticos. ¿Por qué no ir más allá y transformar profundamente nuestras industrias y hacerlas todavía más atractivas y competitivas? La Industria 4.0 es un concepto de transformación, ¿por qué no incluir la economía circular en el ciclo de producción?  Ello permitiría crear nuevos empleos y gozar de una nueva utilización de nuestros medios en ingeniería y producción, como lo plantea por ejemplo Renault en una de sus fábricas en Flins[1].

[1] https://www.actu-environnement.com/ae/news/renault-transformation-usine-flins-economie-ciurculaire-36582.php4

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Janick Villanneau

Director of Digital Transformation Consulting